Norma EN 1504-2: cómo comparar hidrófugos para fachada con datos y no con promesas
11/08/2026En casi toda planta industrial hay una zona que nadie quiere limpiar: el piso bajo la línea de producción, la campana de extracción, el foso del taller, la bancada de la máquina. Grasa acumulada, oscura, adherida, que el agua a presión apenas mueve de sitio.
La solución habitual es escalar: un producto más fuerte, más soda cáustica, más solvente. Y ahí empieza un problema distinto, porque lo que resuelve la grasa suele atacar el piso, el equipo, la piel del operario y el vertimiento.
Conviene entender por qué la grasa resiste, para elegir con criterio en lugar de por potencia.
Por qué el agua no puede con la grasa
La razón es de polaridad. El agua es una molécula polar; las grasas y aceites son hidrocarburos apolares. Dos sustancias con polaridades opuestas no se disuelven entre sí, y por eso el agua sola —a cualquier presión— desplaza la grasa pero no la retira.
Para quitarla hay que cambiar químicamente la grasa o disolverla en algo que sí sea compatible con ella. La industria ha usado históricamente uno u otro camino. Los mejores desengrasantes usan ambos a la vez.
Saponificación: convertir la grasa en jabón
Este es el mecanismo que explica por qué un desengrasante industrial es alcalino y no ácido.
Las grasas animales y vegetales son triglicéridos: cadenas de ácidos grasos unidas a una molécula de glicerol mediante enlaces éster. En medio alcalino, los iones hidroxilo rompen esos enlaces en una reacción conocida como saponificación —literalmente, fabricación de jabón—.
El resultado es que la grasa deja de ser grasa: se convierte en sales de ácidos grasos y glicerol, ambos solubles en agua. Lo que antes no se podía enjuagar, ahora sí.
Esa reacción necesita alcalinidad suficiente. La literatura técnica sitúa el rango operativo de los desengrasantes alcalinos entre pH 9 y 14, y considera que la saponificación empieza a aportar de forma significativa por encima de pH 11.
Conviene recordar que la escala de pH es logarítmica: cada unidad representa un factor de diez. Un producto de pH 12 no es “un poco más alcalino” que uno de pH 10, es cien veces más alcalino. Por eso un desengrasante doméstico y uno industrial no son el mismo producto en distinta presentación.
Acción solvente: disolver lo que no se saponifica
La saponificación funciona muy bien con grasas de origen animal y vegetal y con algunos lubricantes sintéticos de tipo éster. Pero no todo lo que ensucia una planta es saponificable.
Los aceites minerales y las grasas derivadas del petróleo son hidrocarburos de cadena larga sin enlaces éster que romper. Contra ellos la alcalinidad sola tiene poco que hacer; se necesita un solvente que los disuelva por afinidad química.
De ahí que las formulaciones completas combinen alcalinidad con solventes, y añadan tensoactivos que emulsionan las gotas de aceite y las mantienen suspendidas para que el enjuague se las lleve en lugar de redepositarlas.
Los dos caminos tradicionales y lo que cuestan
Aquí está la decisión real de compra, y rara vez se plantea así.
El camino cáustico. Muchos desengrasantes industriales basan su alcalinidad en hidróxido de sodio —soda cáustica— en concentraciones del 2 % al 5 %. Funciona y es barato. El costo está en otro lado: quemaduras químicas por contacto, ataque a metales sensibles, y un vertimiento con pH extremo que complica el tratamiento de aguas.
El camino solvente. La otra vía tradicional son los solventes derivados del petróleo. Disuelven bien y rápido, con poca sensibilidad al sustrato. La literatura técnica es explícita sobre su contrapartida: penalizaciones de COV, inflamabilidad y disposición de residuos. En planta eso significa almacenamiento clasificado, restricción de trabajos en caliente, ventilación forzada y protección respiratoria.
Frente a ambos, los análisis del sector señalan que los desengrasantes acuosos ofrecen menor impacto ambiental, mejor aceptación regulatoria y menor costo operativo, a cambio de exigir una selección correcta de pH y una etapa de enjuague bien hecha.
El Desengrasante Ecológico Econova, en datos
El Desengrasante Ecológico Econova se sitúa deliberadamente en ese punto: alcalinidad efectiva sin cáustica, y acción solvente sin derivados del petróleo.
| Propiedad | Valor |
|---|---|
| pH | 12,0 ± 0,5 |
| Densidad | 0,98 ± 0,05 g/mL |
| Apariencia | Líquida, color amarillo |
| Olor | Leve, cítrico |
| Solubilidad | 100 % en agua |
| Presentación | Cuñete de 5 galones / Tambor de 50 galones |
Su composición declarada es base agua, con mezcla de solventes naturales, glicoles, silicatos y polímeros organolépticos. La ficha añade tres declaraciones: libre de COV, altamente biodegradable y no inflamable.
Vale la pena leer esa composición con detalle, porque cada familia cumple una función.
Los solventes naturales aportan la acción disolvente sobre hidrocarburos que la alcalinidad no puede saponificar, y son el origen del olor cítrico leve en lugar del olor penetrante característico de los solventes de refinería.
Los glicoles mejoran la compatibilidad entre la fase acuosa y la orgánica, permitiendo que agua y solvente trabajen en la misma formulación.
Los silicatos funcionan como aportantes de alcalinidad. Es el mecanismo que permite alcanzar pH 12 sin recurrir a soda cáustica.
El dato de densidad 0,98 g/mL, ligeramente menor que la del agua, es coherente con una formulación acuosa que incorpora fase orgánica.
Es un concentrado, y eso cambia el cálculo
La ficha lo define como producto concentrado para uso industrial, con dilución máxima recomendada de 4 partes de agua por 1 de producto.
Ese detalle importa al comparar precios. Un galón que admite dilución 4:1 rinde hasta cinco galones de solución de trabajo en contaminación ligera, mientras que un producto listo para usar rinde exactamente un galón. Comparar precio por envase entre un concentrado y un diluido lleva sistemáticamente a la conclusión equivocada.
La regla operativa es empezar diluido y subir concentración solo si el trabajo lo exige. Aplicar puro sobre suciedad ligera desperdicia producto sin mejorar el resultado.
Aplicación
- Agitar con fuerza el envase.
- Diluir en agua o usar puro según el nivel de contaminación, sin superar 4:1.
- Aplicar directamente sobre la superficie. Se recomienda equipo de aspersión, aunque admite tapete, rodillo u otras herramientas tradicionales.
- Dejar actuar entre 2 y 5 minutos según el nivel de contaminación.
- Friccionar con cepillo o paño abrasivo mientras el producto trabaja.
- Retirar con paño en seco o con agua a presión, preferiblemente con hidrolavadora.
Dos puntos merecen énfasis porque son donde más se pierde rendimiento en planta.
No dejar que el producto se seque sobre la superficie. Si el agua se evapora antes del enjuague, la grasa saponificada y emulsionada se redeposita donde estaba. Todo el trabajo químico se pierde. En áreas grandes hay que avanzar por secciones manejables, no cubrir toda la superficie de una vez.
La remoción es química y mecánica a la vez. El paso 5 no es opcional: friccionar mientras el producto actúa multiplica el resultado frente a esperar y luego enjuagar. La literatura del sector coincide en que la acción mecánica es uno de los factores que más incide en la eficiencia del desengrase, junto con el tiempo de contacto y la temperatura.
Compatibilidad de sustratos: lo que hay que saber antes
Un pH 12 es una herramienta potente y, como toda herramienta potente, no es universal.
La ficha exige prueba preliminar siempre, para verificar el comportamiento del producto sobre esa superficie concreta. Esto es particularmente pertinente en instalaciones donde conviven concreto, metal pintado, acero al carbono y aleaciones livianas.
Hay un caso que conviene señalar de forma explícita: el aluminio y sus aleaciones son sensibles al medio fuertemente alcalino. La capa de óxido que protege al aluminio es anfótera, es decir, se disuelve tanto en ácido fuerte como en álcali fuerte. Para carpintería de aluminio, aluminio compuesto y metales arquitectónicos existe un producto específico formulado en pH moderado, y esa es la elección correcta en ese caso.
La ficha señala además lavar de inmediato con abundante agua ante salpicaduras sobre superficies no previstas, y no devolver al envase original producto que se haya extraído a otro contenedor, porque contamina el resto y degrada su desempeño.
El paso que protege el entorno de trabajo
Hay una instrucción en la ficha que suele omitirse y que evita daños colaterales: saturar de agua todas las áreas aledañas antes de empezar, y volver a saturarlas al terminar.
El principio es el mismo que rige la limpieza de fachada: una superficie ya saturada de agua limpia no tiene capacidad de absorber la solución que escurre. Sin ese paso previo, el producto y la suciedad disuelta penetran en el concreto o el material circundante y aparecen después como manchas o deterioro en zonas que nadie trató.
Almacenamiento
La ficha indica lugar seco bajo techo, con temperatura máxima de 30 °C, y una vida útil de dos años en envase cerrado. Al ser base agua y no inflamable, no requiere el almacenamiento clasificado que exigen los desengrasantes con solventes de refinería, una diferencia con impacto directo en los costos de cumplimiento de una planta.
Preguntas frecuentes
¿Sirve para grasa mineral o solo vegetal?
Para ambas, y por mecanismos distintos. Las grasas animales y vegetales se saponifican gracias a la alcalinidad; los aceites minerales derivados del petróleo, que no tienen enlaces éster que romper, se abordan por acción solvente. Por eso una formulación que combina ambos mecanismos cubre un rango de suciedad más amplio que una puramente alcalina o puramente solvente.
¿Por qué pH 12 y no más alto?
Porque a partir de cierto punto el incremento de alcalinidad aporta más riesgo que desempeño. Los desengrasantes cáusticos operan entre pH 13 y 14 y ganan velocidad, pero a costa de mayor agresividad sobre sustratos y personas, y de un vertimiento más difícil de tratar. El pH 12 está dentro del rango donde la saponificación es plenamente efectiva.
¿Puedo usarlo en pisos de concreto de planta?
El concreto es un sustrato alcalino y por tanto compatible con un producto alcalino, a diferencia de lo que ocurre con los limpiadores ácidos. Aun así, la prueba preliminar sigue siendo obligatoria, sobre todo en pisos con endurecedor superficial, sello o pintura epóxica.
¿Qué diferencia hay con un desincrustante?
Atacan suciedades opuestas y están en extremos opuestos de la escala de pH. Un desincrustante es ácido y disuelve depósitos minerales: carbonato de calcio, residuos de cemento, sarro. Un desengrasante es alcalino y actúa sobre materia orgánica: grasas, aceites, hidrocarburos. Usar uno donde corresponde el otro no produce resultados parciales, produce cero resultado.
¿Se puede aplicar con personal trabajando cerca?
Al ser base agua, no inflamable, sin COV declarados y de olor leve, su perfil de exposición es sensiblemente más manejable que el de los desengrasantes con solventes de refinería. La ficha mantiene la exigencia de equipo de protección: guantes de caucho, gafas de seguridad y protección de vías respiratorias. Un pH 12 exige respeto aunque el producto sea biodegradable.
La ficha técnica completa está disponible para descarga en la sección de productos correctivos.
Fuentes
- Econova / Eco Technologies S.A.S., ficha técnica Desengrasante Ecológico V3.
- ORAPI, Understanding Alkaline Cleaners: Their Function and Effectiveness: mecanismos de saponificación, emulsificación, acción solvente y detergencia.
- Global Formulation, Industrial Degreaser Formulation: The Complete Guide: saponificación como hidrólisis alcalina de ésteres de ácidos grasos; comparativa entre desengrasantes acuosos y base solvente.
- PatSnap Eureka, Understanding Degreaser: Science and Uses: rango de pH 9–14 en desengrasantes alcalinos y factores que inciden en la eficiencia.
